El intestino: mucho más que un órgano digestivo

El intestino: mucho más que un órgano digestivo

Escuela Saludable

El intestino hace mucho más que digerir alimentos

Cuando pensamos en el intestino, solemos relacionarlo inmediatamente con la digestión. Sin embargo, este complejo sistema cumple funciones que van mucho más allá de procesar lo que comemos.

En el intestino conviven billones de microorganismos que forman la microbiota intestinal. Además, allí encontramos una importante actividad inmunitaria y una extensa red de neuronas que mantiene una comunicación constante con el cerebro.

Por eso, comprender la salud intestinal también implica comprender cómo la alimentación, el estilo de vida y nuestros microorganismos interactúan entre sí.

Qué es la microbiota intestinal?

La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan principalmente en nuestro intestino: bacterias, virus, hongos y otros microorganismos que forman un ecosistema extraordinariamente complejo.

Lejos de ser simples huéspedes, muchos de ellos participan en procesos importantes para nuestro organismo. Intervienen en el metabolismo de componentes de los alimentos que nosotros no podemos digerir completamente, producen determinados compuestos y mantienen una relación estrecha con las células intestinales.

Cada persona posee una microbiota particular. La alimentación, la edad, el entorno, los medicamentos y numerosos factores del estilo de vida pueden influir en su composición.

Por eso, cuando hablamos de una microbiota saludable, la diversidad también importa.

El intestino y el sistema inmunitario están estrechamente relacionados

Una parte importante de la actividad del sistema inmunitario se encuentra asociada al intestino.

Esto tiene sentido: nuestro aparato digestivo está constantemente expuesto a alimentos, microorganismos y sustancias procedentes del exterior. La barrera intestinal y el sistema inmunitario deben trabajar conjuntamente para distinguir entre aquello que puede tolerarse y aquello frente a lo que el organismo necesita responder.

La microbiota también participa en esta interacción.

Una comunidad microbiana equilibrada contribuye al mantenimiento de la barrera intestinal y establece una comunicación constante con nuestro sistema inmunitario.

Así, alimentación, microbiota, intestino e inmunidad forman parte de un sistema profundamente interconectado.

El eje intestino-cerebro: una conversación en dos direcciones

El intestino y el cerebro mantienen una comunicación permanente conocida como eje intestino-cerebro.

Esta comunicación ocurre a través de diferentes vías, entre ellas el sistema nervioso, señales hormonales, mecanismos inmunitarios y sustancias producidas o modificadas por los microorganismos intestinales.

Y lo más interesante es que esta conversación funciona en ambos sentidos.

El cerebro puede influir en funciones digestivas como el movimiento intestinal y determinadas secreciones. Al mismo tiempo, las señales originadas en el intestino pueden llegar al sistema nervioso.

Probablemente hayas experimentado alguna vez esta conexión: situaciones de nervios o estrés pueden sentirse inmediatamente en el estómago o modificar el tránsito intestinal.

No es simplemente una sensación. Existe una conexión fisiológica real entre ambos sistemas.

Qué tienen que ver los neurotransmisores?

Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes —y también más simplificados— cuando se habla de salud intestinal.

El intestino participa en la producción y regulación de diferentes sustancias relacionadas con la comunicación del sistema nervioso. Por ejemplo, gran parte de la serotonina del organismo se produce en células especializadas del tracto gastrointestinal.

Sin embargo, esto no significa que la serotonina producida en el intestino viaje directamente hasta el cerebro para mejorar nuestro estado de ánimo.

La relación es mucho más compleja.

Los microorganismos intestinales pueden participar en la producción o transformación de diferentes metabolitos y compuestos que intervienen en las vías de comunicación del eje intestino-cerebro. Es un campo que continúa siendo objeto de una intensa investigación científica.

La alimentación también alimenta a nuestra microbiota

Lo que comemos no solamente nos proporciona nutrientes a nosotros. También proporciona sustratos a los microorganismos que viven en nuestro intestino.

Aquí adquiere especial importancia la fibra alimentaria.

Algunas fibras llegan al intestino grueso sin haber sido completamente digeridas y allí pueden ser fermentadas por determinadas bacterias. Como resultado de este proceso se producen, entre otros compuestos, ácidos grasos de cadena corta, que participan en diferentes funciones del organismo y ayudan a mantener el entorno intestinal.

Por eso, una alimentación variada basada en alimentos vegetales aporta diferentes tipos de fibras y compuestos que pueden favorecer una microbiota diversa.

Prebióticos, probióticos y alimentos fermentados

Aunque suelen utilizarse como si fueran sinónimos, no significan lo mismo.

Los prebióticos son sustancias utilizadas selectivamente por determinados microorganismos y que pueden aportar un beneficio para la salud. Algunos tipos de fibra cumplen esta función y están presentes naturalmente en distintos alimentos vegetales.

Los probióticos, en cambio, son microorganismos vivos específicos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar determinados beneficios. No todos los alimentos fermentados contienen necesariamente microorganismos que puedan considerarse probióticos.

Los alimentos fermentados, por su parte, forman parte desde hace siglos de numerosas culturas alimentarias y pueden aportar diversidad a nuestra dieta.

Qué alimentos pueden favorecer la salud intestinal?

No necesitamos buscar un único “superalimento” para cuidar nuestra microbiota. Una estrategia mucho más interesante es aumentar progresivamente la variedad de alimentos vegetales que consumimos.

Verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, frutos secos y semillas proporcionan distintos tipos de fibra y numerosos compuestos vegetales.

También podemos incorporar alimentos fermentados apropiados dentro de una alimentación equilibrada.

Pero tan importante como elegir determinados alimentos es observar el patrón alimentario completo. Nuestra microbiota responde a lo que hacemos habitualmente, no a un ingrediente aislado consumido ocasionalmente.

Cuidar el intestino es mirar la alimentación de otra manera

Durante mucho tiempo pensamos en la alimentación principalmente como una suma de proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales.

Hoy sabemos que la historia es mucho más interesante.

Cuando comemos también estamos interactuando con un enorme ecosistema de microorganismos que participa en nuestra fisiología. La fibra que elegimos, la variedad de vegetales que consumimos y nuestros hábitos cotidianos pueden modificar ese entorno.

Entender esta relación nos permite dejar de pensar únicamente en qué nutrientes contiene un alimento y comenzar a preguntarnos también cómo nuestra forma de alimentarnos influye en todo el ecosistema intestinal.

En Escuela Saludable queremos ayudarte precisamente a comprender esas conexiones para que puedas tomar decisiones más conscientes sobre tu alimentación y tus hábitos.

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